Era verano, los actores protagonistas de la versión cinematográfica de Harry Potter vestían de gala mientras accedían a un teatro inglés y caía sobre ellos un aguacero de flashes. Estaban ya muy crecidos, son hoy estrellas y lloraban la muerte del modo de vida que conocen desde que eran niños. Ocurrió durante el reciente preestreno de la última entrega de la adaptación de la saga de J. K. Rowling, estirada como chicle en los libros y en las pantallas, injusta incluso con su protagonista, que tal vez merecía un final más épico. Pero el caso es que se acabó y la desgastada varita mágica dejó de lanzar conjuros después de una década imparable. También ha mermado su hechizo en los lectores, que hoy ya van a la universidad.
No obstante, como señala Juan Milá, editor de Salamandra, la editorial de Potter en España, la saga de Rowling demostró "que los lectores muy jóvenes, y no tan jóvenes, estaban más que dispuestos a leer un libro de aventuras mágicas que no se ajustaba a las categorías más rigidas que existían en aquel momento.Tenía originalidad y frescura, y apelaba directamente al placer de leer una buena historia. Publicar la serie de Harry Potter dio alas a al proyecto editorial de Salamandra que, entre otras cosas, ha afianzado una colección de narrativa infantil y juvenil que surgió con esa serie". Entre sus méritos está también, continúa el editor, "el haber relanzado el género de aventura y fantasía, que acoge múltiples variedades y combinaciones". Y es en esas variades donde el mercado ha buscado la vía para reinventarse como lo hizo cuando el mago inglés irrumpió en las vidas de millones de niños y adolescentes.
El nuevo Harry Potter, si lo hubiere, habrá de enfrentarse a un sector en crisis creciente, a nuevos formatos de lectura y a muy nuevos intereses entre los jóvenes. Las modas hoy no corren, galopan, e incluso la también muy leída sagaCrepúsculo, aún pendiente de su final cinematográfico, empieza a estar "pasada de moda". Lo asegura Carlos García Miranda, escritor y guionista de series como El internado y Los protegidos, quien avanza que lo que hoy puede mover a los chavales es algo menos mágico y fantasioso. Así como Harry Potter fue ganando oscuridad según iban madurando sus personajes y lectores, lo que reclama hoy el público de la llamada Young Adult Fiction -o lo que el mercado quiere que pidan- son las distopías, en lo que coincide Milá. Tramas que, si bien no están exentas de elementos fantásticos, disminuyen la proporción de magia a favor de historias increíbles, sí, pero también verosímiles y, a veces, incluso factibles. Futuros imperfectos cuyos ingredientes pueden ser mundos devastados, gobiernos amorales, competiciones a vida o muerte entre jóvenes...
La crisis económica mundial, que trajo al cine y a los libros el fulgor escapista hacia zombis y vampiros hace unos cinco años, propicia ahora la demanda de un tipo de universos posibles que pintan el panorama peor que el presente y en el quelos jóvenes se la juegan ante peores adversidades que a las que se enfrentó Harry Potter. Lo atroz, la falta de piedad, la muerte y la oscuridad poblan este futuro imperfecto que ya llena y (más que lo va a hacer) librerías y salas de cine. Y, entre tanto espanto, hormonas, copiosas dosis de amor, claro.
El lector puede encontrarse en este nuevo tejido literario con niños criados en granjas para cumplir una función en la sociedad y que sólo viven hasta los 27 años, como planteaba Kazuo Ishiguro en Nunca me abandones, recientemente llevada a la gran pantalla, y que guarda elementos en común con cintas predecesoras como La Isla (un rotundo fracaso de Michael Bay que tal vez hoy habría corrido mejor suerte que en 2005, fecha en la que se estrenó) o Repo. O con historias más juveniles como la orwelliana (aunque bastante vista) Juntos, de Ally Condie, que plantea una sociedad en la que la vida está programada por férreos horarios, dietas e incluso fecha de muerte o la persona con la que has de convivir... hasta que algo, claro, falla. Disney se hizo rápidamente con sus derechos.
De reminiscencias orientales es también Los juegos del hambre, que recuerda al bestseller japonés también llevado al cine Battle Royale. Esta trilogía deSuzanne Collins acontece en un mundo postapocalíptico donde, de nuevo, un gobierno poderoso rige con crueldad el destino de los hombres. Los juegos del hambre son un evento anual dentro de este Estado que se televisa y en el que al azar se elige a un niño y a una niña de cada uno de los distritos que se enfrentan contra el resto en un juego de supervivencia hasta que sólo queda uno. Trama que puede conectar remotamente con la australiana Mañana cuando la guerra empiece, de John Mariden, también adaptada al celuloide y estrenada este verano en España y que ha vendido en Australia más que el hechicero británico. Con ella, dos millones y medio de lectores quedaron enganchados a las desventuras de una pandilla en pleno fulgor adolescente que se ve obligada a luchar en una extraña guerra que, de buenas a primeras, estalla en su país.
Otra novela que también suma por días es Delirium, de Lauren Olivier, ambientada en el siglo XXII y que lleva al lector a un mundo en el que el amor o los sentimientos se consideran una enfermedad y en el que todo lo impredecible ha sido eliminado. Y en él, Lena, la heroína que descubrirá el pastel.
Con todo, la chistera de Harry era espaciosa, y hoy todavía hay propuestas que emulan su fórmula. Así, las historias de Oksa Pollock, de reciente desembarco en España (Planeta mediante), una joven de 13 años de gustos masculinos que tiene superpoderes y cuya editorial vende como la sustituta de la criatura con gafas de J. K. Rowling. Firmada por dos biblitocarias, Anne Plichota y Cendrine Wolf, a quien el boca a boca les hizo buena parte del trabajo de difusión, la saga, que tendrá seis partes, ha vendido ya más de 200.000 ejemplares y ha sido traducida a 25 idiomas. Y en el caso español se mantienen casos como La llave del tiempo, de Ana Alonso y Javier Pelegrín, que combina historia y fantasía a lo largo de ocho libros.
Todo apunta a un largo periodo de convivencia entre dragones, magos, hechizos, vampiros, zombis, catástrofes nucleares... aunque todo será menos blanco en las tramas y también menos fácil para los editores de lo que fue cuando el mundo era de Rowling. Y podría decirse que todo vale, porque no hay género que haya incitado más a la lectura que el creado a la sombra de Harry Potter. Como concluye Juan Milá, de Salamandra, "no hay un sustituto de la serie, que fue un fenómeno sobre todo por su dimensión global. Lo que sí hay es una mayor variedad en la oferta de libro infantil y juvenil"
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